domingo, 3 de abril de 2016

La Clase Obrera va al Paraiso (1971)
Elio Petri, Ennio Morricone (Música)

Parte primera:

Parte segunda:


La classe operaia va in paradiso (La Clase obrera va al paraíso, 1971) es un filme que dirigió el italiano Elio Petri, y que ganó de manera ex aequo la Palma de oro en Cannes, precisamente con otro filme italiano, dirigido por Francesco Rosi, Il Caso Mattei (El Caso Mattei, 1972). Premiando esta Dupla, el jurado de Cannes reconocía el esfuerzo de la cinematografía italiana, con dos directores que se encontraban precisamente en la tendencia de realizar un cine social que ponía constantemente el dedo en la llaga. Por otra parte, el filme de Petri marcaría una tendencia dentro de su propio país, con películas como Mimì metallurgico ferito nell’onore (Mimi, metalúrgico herido en su honor, 1972) de Lina Wertmüller o L’Italia s’è rotta (L’Italia s’è rotta, 1976) de Steno que utilizarían muchos elementos del filme precedente[1].

La Clase Obrera va al Paraíso se hace eco de las contradicciones del milagro económico italiano y su cara más oscura. El filme nos presenta un obrero, interpretado por Gian Maria Volonté, que trabaja en un complejo industrial. Este personaje es lo que podríamos considerar como un Estajanovista, que trabaja como modelo de los empresarios burgueses. Todos los jefes lo utilizan como ejemplo a seguir para los demás obreros, por la manera tan productiva con la que trabaja (sin quejarse de su sueldo y horario). Mientras los demás obreros tardan horas, nuestro personaje consigue sacar adelante la producción en unos minutos. En esta primera parte de la película, observamos como nuestro protagonista se encuentra totalmente ajeno a los movimientos sindicalistas, que se encuentran cada día a las puertas de la fábrica, advirtiendo de las precarias condiciones en las que se encuentran los obreros.

En la segunda parte del filme, el personaje que interpreta Gian Maria Volonté acaba tomando conciencia. Esa es la clave de toda la película y la que nos permite entender el planteamiento de Elio Petri. Nuestro personaje pierde un dedo trabajando en la fábrica y a partir de ahí entra en una espiral de locura, participando de la revuelta obrera. La película es una evidente crítica al concepto de alienación de las clases obreras, que tan en boga estaba en los años setenta. Nuestro protagonista se entera de que el modelo que hasta entonces estaba siguiendo (las comidas con la familia a la luz del televisor son bastante significativas) es totalmente absurdo.

Hay sin duda, un elemento de crispación absoluta, de esquizofrenia irreductible, que es palpable desde el primer minuto de la película hasta su amargo final. La Clase obrera va al Paraíso no es una película más sobre la condición social o la lucha de clases. Hay un elemento desquiciante que impregna la película como una mancha de aceite, expandiéndose por todo el metraje. Esto es comprobable ya por la abigarrada forma con la que Elio Petri configura toda la película. Desde los primerísimos planos de nuestro personaje, que parecen incrustados en el filme de manera casi aleatoria, como si no hubiera una planificación de la puesta en escena detrás (cuando si la hay), hasta el incesante ruido que se presenta en el filme cada vez que se rueda en la fábrica, que embota la mente del espectador, dejándole totalmente fuera de sentido.

Argumentalmente, lo delirante tiene una representación evidente en el filme, con la inclusión en la trama de la propia locura: Nuestro protagonista, una vez se ha concienciado realiza un viaje al manicomio, donde encuentra un antiguo obrero que también luchó por las causas sindicales, y que ahora debido a los conflictos que tuvo en su momento con los jefes de la fábrica, ha ido perdiendo el norte. De hecho el filme inspecciona muy correctamente el estrés continuo al que supone estar sometido con los turnos extenuantes de horas de los obreros. Nuestros personajes, aún después de haber terminado su jornada, siguen repitiendo los gestos mecánicos que han ido repitiendo en la fábrica. Como comenta nuestro protagonista en cierto momento, cuando realiza un discurso sobre sus compañeros para concenciarles: No somos más que máquinas, ¿Merece la pena vivir así?.La estética del filme se compromete profundamente con la propuesta del filme. Gracias a su estética, la película se adentra en el mundo que Elio Petri construye. Ahora bien, la belleza de La Clase Obrera va al Paraíso no es precisamente una cercana a la amabilidad, sino precisamente todo lo contrario. Sólo hay que observar a nuestro protagonista principal, continuamente manchado de la grasa y el aceite proveniente de las máquinas. Todo es oscuro en el filme, y se puede decir que prácticamente no hay ningún momento de esperanza. Esto en imágenes se traduce mostrándonos una familia que vive prácticamente a oscuras (prácticamente aislados, solos ante el aparato de televisión que predica continuamente sobre sus cabezas), así como unos paisajes desolados que parecen totalmente estériles (situados alrededor de la fábrica)

Una de las mejores secuencias nos la regala el cineasta, Elio Petri, combinando la música del magistral Ennio Morricone, quien compone la banda sonora de la película. Se trata de los planos en los que vemos entrar a nuestros obreros en la fábrica. Gracias a la música de Morricone, crispada y belicosa, y a la puesta en escena de Elio Petri (que apunta a los obreros desde arriba, convirtiéndoles en una masa deshumanizada) la sensación de que estamos observando una batalla es total.

[1] ZACCAGNINI, Edoardo, I “mostri” al lavoro!: contadini, operai, commendatori ed impiegati nella comedia all’italiana, Ed.Sovera Multimedia, Roma 2009, p.79

martes, 10 de noviembre de 2015

Fugarse del infierno, 
en memoria de Xosé Tarrío (2009)

Corrían los años '70 cuando, tras la muerte de Franco, se concedía la amnistía a lxs presxs políticxs. Este hecho, así como una levemente creciente toma de conciencia social sobre la situación dentro de las cárceles para lxs presxs tanto políticxs como comunes, condujo a muchxs internxs a movilizarse para exigir la amnistía total y reconocimiento de unos derechos fundamentales para las personas presas, que garantizasen el mantenimiento de su dignidad y de su salud.


Nacía así la APRE en 1980, pero el proyecto no cuajó y se reconstituiría en 1990 la APRE (R), Asociación de Presxs en Régimen Especial Reconstituída, en torno a la cual se desarrollarían diferentes metodologías de lucha enfocadas al cumplimiento de esas exigencias básicas. Motines, fugas, chapeos en las celdas, huelgas de hambre y otras acciones empezaron a proliferar, y fue entonces cuando Antoni Asunción, entonces responsable de Instituciones Penitenciarias por el siempre "democrático" y "progresista" y "amigo de lxs pobres" PSOE, impondría el infame FIES, Fichero de Internxs de Especial Seguimiento, a través del cual comenzaba la salvaje represión contra toda iniciativa que desde dentro de la cárcel intentase visibilizar la situación al exterior.


De este modo, numerosxs presxs fueron trasladadxs a cárceles lo más lejos posible de sus lugares de procedencia (dificultándole así a sus familias, por norma general de escasos recursos, el ir a visitarles), y articulando todo un sistema represivo que sería conocido como "la cárcel dentro de la cárcel", consistente en módulos de diferente grado, a cada cual más precario y atroz que el anterior, y donde se llegó a introducir a personas en celdas de tamaño muy pequeño y paredes sordas, blancas e inexpresivas, donde debían pasar 22 de las 24 horas del día completamente aisladxs, sin comunicarse con nadie, y sin tener nada para entretenerse. Las dos horas restantes les permitían salir al patio, pero también debían hacerlo solxs, e incluso aquellas dos horas suponían una tortura, encerradxs como animales salvajes en patios de altos muros que apenas dejaban filtrarse la luz del sol. Todo ésto, unido a las torturas que, cotidianamente, sufrían lxs presxs por parte de carcelerxs sádicxs sedientxs de violencia gratuita y que esperaban cualquier excusa para golpear a cualquiera, terminó por deshumanizar completamente a muchas personas, que fueron poco a poco devoradas por la cárcel y convertidas en carne de cañón.


En todo este contexto, las luchas colectivas y organizadas fueron aplastadas, y sólo la resistencia a título personal de lxs presxs más fuertes pudo mantener viva la llama de la revuelta cuando todo parecía perdido.


Algunas personas terminaron sometiéndose, pero otras se mantuvieron activas en su intento de vivir dignamente aún cuando incluso sus más a simple vista insignificantes y elementales resquicios de esencia y condición humanas, habían sido deformados y violados. Esta última categoría encontraría en su camino a no pocxs presxs muertxs. Suicidios, asesinatos por parte de carceleros e incluso de presxs sin conciencia que trataban con Instituciones Penitenciarias, quienes les prometía mejoras como reducciones de condena o hacer la vista gorda ante ciertas cosas a cambio de terminar con otrxs presxs, y enfermedades provocadas por las inhumanas condiciones de las prisiones, eran algunas de las causas. Una de estas personas muertas fue Xosé Tarrío, que escribiría un libro desde dentro titulado "Huye, hombre, huye: Diario de un preso FIES", cuya publicación por la editorial Virus, junto a la lucha del colectivo anti-carcelario Salhaketa (gracias a la cual sería puesto en libertad el preso Patxi Zamoro, primer preso con régimen FIES) terminarían devolviendo a las prisiones el espíritu combativo y revitalizando las experiencias colectivas que, tanto dentro como fuera de las prisiones, todavía hoy se mantienen en pie de guerra, si bien no con tanta fuerza como entonces, pero sí con el mismo sueño.


En cada paso de esta lucha, en cada panfleto, en cada pintada, en cada sabotaje, en cada chapeo, en cada cabeza que no se agacha, en cada muestra de solidaridad, está presente Xosé Tarrío, y están presentes todxs lxs presxs que día a día siguen perdiendo la vida consumidxs por la brutalidad del sistema carcelario y de la sociedad-cárcel cuyo atroz statu-quo éste trata de proteger y de mantener impune.



Por ésto, y de cara a la charla que este martes próximo tendrá lugar en la biblioteca anarquista de Santiago de Compostela, sobre la realidad carcelaria de los últimos años y las luchas tanto internas como externas por transformarla y/o derribarla, difundo aquí el siguiente documental, titulado "Fugarse del infierno", y dedicado al compañero Xosé Tarrío, y a quienes como él lucharon contra el proceso de exterminio que se lleva a cabo en las cárceles españolas entre el silencio cómplice del rebaño social, y las mentiras repetidas por los medios de comunicación.


Al margen un poco del contenido del documental, y como reflexión personal, también creo que hace falta hacerse una pregunta sobre un concepto que es clave en todo ésto: ¿qué es la reinserción?, ¿qué reinserción?, ¿reinserción en dónde y para qué, dónde hay que reinsertar?, ¿en esta sociedad enferma, neurótica, atomizada y alienada?, ¿en esta sociedad de apatía, consumismo y miseria?, ¿en esta sociedad de control social, represión y relaciones rotas?, ¿en este decorado artificial, colonizado por el imaginario capitalista que destroza medio-ambiente, extermina especies animales enteras que son convertidas en máquinas de producir alimento, ropa y ocio esclavista, que devora lazos solidarios para transformar a las personas en mecanismos?. El problema quizás no sea, tan siquiera, que el actual modelo carcelario no sea capaz de reinsertar (que en cualquier caso, está claro que no lo es), sino que no hace falta reinsertar, porque es el actual diseño de nuestros marcos relacionales y del sistema socio-económico vigente el que no tiene cabida en una comunidad que se diga humana, avanzada, justa y sostenible. No son las personas las que necesitan castigo por no adaptarse a vuestra mierda de mundo, es al revés. Es vuestro mundo el que necesita arder para que las personas podamos volver a reconstruir todo lo que vuestra avaricia y sed de sangre han arrasado, para que podamos recuperar el control sobre nuestras vidas, sobre nuestros sentimientos y sobre nuestro destino, ese control que nos habéis robado con el espejismo de la prosperidad y del triunfo, ilustrado por carteles publicitarios que no dicen nada.

miércoles, 25 de febrero de 2015

Los que se quedan (2014)
Gabriel Pecot, Olmo Calvo y Eva Filgueira


'Los que se quedan: el impacto de la crisis en la salud mental de la población española' es un documental dirigido por Gabriel Pecot, Olmo Calvo y Eva Filgueria, producido de manera independiente y financiado por crowdfunding.
La crisis económica ha modificado la vida a muchas personas. El desempleo, el pago de la hipoteca y los desahucios han generado un profundo malestar emocional que se ha traducido en un incremento de los casos de depresión y ansiedad en España.
Trastornos que en algunos casos pueden llegar al punto de desencadenar una trágica muerte por suicidio, hecho que no solo involucra a la víctima, sino que marca también profundamente a su entorno.
Un tema tabú.
Rodado entre Londres, Madrid y Barcelona, “Los que se quedan” aborda de manera integral este problema de salud publica a través del trabajo y la opinión autorizada de investigadores nacionales y extranjeros, y la voz de quienes han perdido a familiares y amigos en estas circunstancias.
Visita el proyecto completo en la web del documental: losquesequedan.es
Cenizas del cielo (2008)
José Antonio Quirós



Un escritor de guías turísticas de origen escocés (personaje interpretado por Gary Piquer) se encuentra de viaje por el norte de España, completando su nueva publicación. Viaja en autocaravana y una avería le hace parar su camino a la vera de una central térmica de carbón en Asturias. Mientras se la reparan, los días de espera le hacen confraternizar con los lugareños, conocer y hacer amistad con Federico (personaje interpretado por Celso Bugallo).
Federico mantiene una dura lucha a favor del cierre de la central térmica. Una lucha activa y en la que no ceja desde el fallecimiento de su esposa, hace ya mucho tiempo. Está convencido de que la "llegada del protocolo de Kioto" acabará con las emisiones provocadas por la central térmica. No obstante, en su pueblo, no todos los vecinos están a favor del cierre de la central, dado que frente a perjuicio ambiental se enfrentan el beneficio económico y generador de empleo, que alimenta incluso, a miembros de su propia familia.

jueves, 3 de enero de 2013

Utopía en el Horizonte (2012)



Un documental dedicado a todos aquellos que decidieron luchar. En mayo de 2011, centenares de miles de griegos irrumpieron en la Plaza Sintagma en Atenas para protestar contra la liquidación de su país, de sus derechos laborales y de sus medios de subsistencia a las corruptas elites nacionales y los intereses financieros en el extranjero. En cuestión de días, un campamento de protesta fue creado -- organizado bajo los principios de democracia directa, autogestión y ayuda mutua -- proporcionando una vislumbre de utopía en medio de una devastadora crisis financiera, política y social. El 28-29 de Junio, durante una votación parlamentaria sobre nuevas medidas de austeridad, el estado finalmente respondió con fuerza brutal, eventualmente desalojando a los manifestantes de la plaza y aplastando el potencial radical de su experimento social. Un año más tarde, Leonidas Oikonomakis y Jérôme Roos -- investigadores en el Instituto Universitario Europeo y coautores del blog activista ROARMAG.org -- regresaron a Atenas para hablar con activistas involucrados en el movimiento y la ocupación de la Plaza Sintagma, así como el héroe de la resistencia en la Segunda Guerra Mundial, Manolis Glezos. Lo que sigue es este retrato dramático de un país al borde del colapso; y de las personas que decidieron luchar para construir un mundo nuevo sobre viejas ruinas.

martes, 1 de enero de 2013

La Dignidad de los Nadies (2005)
Fernando E. Solanas





Son historias y testimonios conmovedores de la resistencia social en la Argentina frente al desempleo y el hambre producidos por el modelo de la globalización.

Son relatos de solidaridad, pequeñas epopeyas contadas por sus protagonistas, héroes anónimos con propuestas colectivas que vencieron el desamparo, reconstruyendo la esperanza..

lunes, 31 de diciembre de 2012

Los Trileros Forales (2012)



"Los trileros forales" es la primera parte de la trilogía titulada "¿Quien se ha llevado los dineros?", con la que pretendemos hacer visible quiénes son los responsables de la situación económica de Nafarroa.

En nuestra Comunidad, una amplia red de estructuras de poder se reparten el pastel. Cargos públicos, organizaciones políticas y sindicales, la Iglesia y el Opus Dei, empresas y multinacionales, personajes de tres al cuarto… todos ell@s han medrado a costa del dinero público, del dinero todos y todas las navarras. En este primer capítulo, damos tan sólo unos ejemplos de cómo algunas personas se han enriquecido aprovechando sus buenas relaciones con UPN o, directamente, perteneciendo al partido y ocupando puestos de responsabilidad en las instituciones públicas. Ahora que nos aseguran que no hay dinero, que debemos apretarnos el cinturón, la pregunta es obligada: ¿Qué ha sido de la Navarra idílica que vivía en la abundancia? ¿Quién se ha llevado los dineros?